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  • Marina Alba

La importancia de la conquista de la independencia

¿Qué sería de nosotros si durante nuestro desarrollo no hubiésemos conquistado la independencia? ¿Cómo sería la humanidad?

Probablemente no existiríamos puesto que siempre hubiésemos tenido que depender de alguien para sobrevivir, y ese “alguien” también habría necesitado depender de otro “alguien” y así sucesivamente, y en algún punto, hubiésemos perdido ese servilismo hacia el otro. De no haber nadie que haya conquistado la independencia tanto física como mental… lo que somos hoy no existiría.

Todo lo expresado anteriormente es prácticamente imposible que ocurra, ya que en el desarrollo natural de los seres humanos existen impulsos internos que nos encaminan hacia la independencia. La Dra. Montessori dijo que

La conquista de la independencia empieza con el primer inicio de la vida; mientras el ser se desarrolla, se perfecciona a sí mismo y supera cada obstáculo que encuentra en su camino; el individuo posee una fuerza vital y activa que lo guía en su evolución. Esta fuerza ha sido denominada por Percy Nunn: horme. (Montessori, La mente absorbente del niño)


Nada más nacer el niño se expone a situaciones que le hacen reaccionar y buscar su propia independencia. El recién nacido deberá adaptarse a vivir en un nuevo ambiente diferente del que ha vivido hasta ahora, el seno materno, y lo primero que conquista es la respiración: pasa de respirar a través de la madre a respirar por sí mismo, una necesidad vital, de lo contrario le conduciría hacia la muerte. Existen manifestaciones que mostrarán ese ansío y necesidad por ser independientes. Algunas de ellas serán físicas y otras psíquicas. “El primer instinto del niño es actuar por sí solo sin la ayuda de nadie, y su primer acto consciente de independencia es defenderse de los que intentan ayudarlo” .

Así pues, durante esta primera etapa de vida, el niño empezará a desprenderse de las funciones de la madre, o el adulto con el que convive, para crearse a sí mismo. Le saldrá la primera dentición que le permitirá alimentarse de muchas más cosas a parte de la leche materna. Alrededor del año, uno de los momentos considerado como decisivo para la conquista de la independencia, el niño se liberará de los brazos de la madre para caminar con sus propias piernas que le llevaran a donde se proponga. Al mismo tiempo, el hecho de caminar sobre las dos piernas en posición vertical, hará que se liberen sus otras dos extremidades y podrá redescubrir sus manos, pudiendo realizar todo tipo de trabajo con ellas; comer solito, elegir los objetos que quiere manipular para trabajar o para jugar, realizar tareas de vida práctica, escribir, entre otras muchas cosas.

Adecuando su dormitorio con un colchón o cama baja, podrá decidir irse a dormir cuando tiene sueño y levantarse cuando ya no necesite dormir más, sin que nadie decida por él. Conseguirá controlar sus esfínteres permitiéndole ir al lavabo cada vez que tenga necesidad. Aprenderá a pronunciar las primeras sílabas, después varias palabras y finalmente consolidará un lenguaje para comunicarse y expresarse ante el mundo. Todo esto sucederá gracias al proceso de mielinización.

Debemos ser conscientes y conocedores de la etapa de desarrollo en la que se encuentran los niños, pues no podemos forzar ni obligar a realizar nada que ellos no puedan hacer si su cuerpo y su mente aún no está preparada, sería antinatural y además dañaríamos el desarrollo natural del niño. “La tentativa de forzar el desarrollo natural no conduciría a nada y dañaría seriamente al niño. La naturaleza dirige, todo depende de ella y hay que obedecer sus órdenes precisas”


Montessori destaca la conquista del lenguaje y del caminar como unas de las más decisivas en el desarrollo humano. Compara el desarrollo de los mamíferos con el de los humanos haciéndonos ver cuán es de crucial este momento para nosotros a diferencia de los mamíferos, ya que ellos no necesitan de mucho esfuerzo y dedicación para aprender a caminar, muchos lo hacen nada más nacer o como muy tarde semanas después.

Es de vital importancia para el ser humano, que durante su desarrollo conquiste la independencia, pues ésta le otorgará su propio carácter, le ayudará a construir su personalidad, podrá ser un ser humano libre, ser quién quiera ser y disfrutar de la vida por él mismo. En palabras de Montessori; tendrá “alegría vivir”.

Un factor determinante para el buen desarrollo de la independencia es el ambiente preparado en el que debe interactuar el niño, disponiendo de un mobiliario a su altura y de diversos materiales adecuados y accesibles para él. Un ambiente que sea rico en posibilidades, donde el niño pueda desenvolverse con naturalidad y espontaneidad y que le invite a realizar actividades sin fatigarse.

El adulto, con sus observaciones, adecuará el ambiente y le facilitará el material que necesite siguiendo los intereses y necesidades del niño según en el plano de desarrollo y el período sensible en el que se encuentre, eliminando a su vez, los obstáculos, las dificultades y las resistencias que se presenten dentro del ambiente.


“El niño solo puede desarrollarse por medio de experiencias sobre el ambiente; a esta experimentación la denominamos <<trabajo>> (…) El niño se desarrollará con el ejercicio de la independencia que él mismo ha conquistado”

Otro factor muy importante durante la conquista de la independencia es que el niño no se encuentre con ningún obstáculo que le perjudique, puesto que, será entonces, cuando se desencadenen las desviaciones. Si obstaculizamos esta independencia podría hallarse una humanidad afectada en términos psíquicos y morales.

También debemos considerar que, si el niño ya ha adquirido una habilidad, tenemos la obligación de dejar que actúe libremente y la repita sin cesar, pues es mediante la repetición como los niños van reforzando y mejorando estas habilidades. Eso sí, esto no quiere decir que todo valga, y actúe sin unos límites establecidos, éstos deben existir pero deben regirse por la naturaleza, ser coherentes y muy limitados.

Un obstáculo muy grande por parte del adulto sería, por ejemplo, realizar las cosas que podría hacer el niño por sí solo, tanto antes de aprenderlas como si éste ya las sabe hacer por sí mismo. De esta manera, no le estaremos dejando que repita y consolide dichas habilidades y conseguiremos que cese al intentar realizarlas por él mismo, desmotivándolo y creando pasividad ante su propia conquista de independencia. “Del mismo modo si intentáramos detener al niño cuando ha empezado a andar, no conseguiríamos nada, porque cuando un órgano se ha desarrollado debe entrar en uso”

Actualmente vivimos en un mundo donde el estrés es lo que prima. Vemos muchos padres esclavos del tiempo, que siempre llegan justos a sus trabajos o quehaceres, olvidando así la independencia y el ritmo natural de sus hijos. En las escuelas públicas y privadas pasa algo parecido, hay un horario establecido que se debe cumplir, y no se llega a respetar por completo el ritmo natural del niño, y además, cuentan con un factor contraproducente; son responsables de hasta 18 niños para una sola persona (dos para la hora de comer y dormir) con lo cual, el hecho de permitir que cada niño conquiste su independencia, se hace difícil en ciertos momentos, ya que según que situaciones provocan agobio y agotamiento a la maestra.

La consecuencia de este estrés y este agobio por no llegar a la hora, hace que suplamos muchas acciones que el niño podría realizar por sí solo, para ahorrarnos ese “tiempo perdido” (un niño necesita de más tiempo para realizar ciertas tareas, no es un tiempo perdido sino necesario, pero el adulto, esclavo del tiempo, así lo considera). Además, el pensamiento de muchos adultos respecto a la independencia y autonomía de los niños, es muy limitada, muchos los consideran seres “inanimados” que necesitan ser servidos en todo momento;


"Creemos que los niños son como titeres inanimados; lavamos las manos y les damos de comer, como ellos hacen con sus muñecas. Pensamos que, el niño que no hace alguna cosa, no sabrá hacerla por sí sólo sin ayuda ya que no somos conscientes de que sí posee los medios físicos y psicológicos para aprender a hacer. Nuestro deber es, pues, ayudarlo a conquistar la realización de actos útiles. "

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