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  • Marina Alba

ARTE Y OBSERVACIÓN. El niño como observador

🎨 Observar obras de arte es una de las actividades que menos valor se da en la infancia. Vivimos en un mundo donde la imagen está muy presente en el día a día, sobre todo a nivel digital pero que dista mucho de la belleza y la estética del arte a nivel cultural. El adulto ha creado imágenes infantilizadas, comerciales y con escaso valor artístico para captar el interés del niño: cuadros o pósters de las series de dibujos animados de moda, cuadernos para pintar con dibujos sin mucho sentido de lo estético y con elementos fantasiosos, cuentos donde las imágenes suelen ser animales personificados y un largo etcétera. Sin embargo, el arte conjuga observación, emoción, análisis, expresión, reflexión y conocimiento. El arte es mucho más que pintar cuadernos de dibujos, o crear en papel blanco. El arte comienza con la observación.

El propósito principal de la observación es que el niño observe con atención y analice la imagen que tiene delante para así absorber estímulos visuales con sentido estético. Esto conlleva a que el adulto busque imágenes adecuadas para el niño y destine un tiempo sistemático a la alfabetización visual. Para crear necesitamos inspiración. No podemos crear de la nada. Por ello, debemos ofrecer al niño imágenes bellas, interesantes y creativas, ya que exponerle a imágenes con tales características forma parte de esta alfabetización visual. El adulto debería asumir la responsabilidad de preparar y enriquecer un ambiente rico en obras de arte e imágenes bellas que le sirvan de inspiración y le inviten a la creación. De esta forma el niño irá preparando inconscientemente su percepción visual e irá desarrollando un rico sentido estético hacia la belleza artística. 🎨


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